—Señorita Torres, señor Vargas, qué gusto verlos —dijo la madre de Gabriel, levantándose apresurada para saludarlos.
Con su habitual astucia, Samuel percibió de inmediato que Gabriel no tenía una comprensión normal de la situación. Con una leve sorpresa, alzó una ceja y luego, con una sonrisa amable, se dirigió a la madre de Gabriel:
—Buenas, venimos a visitar a Gabriel. Esperamos no haber interrumpido nada.
La mujer, asombrada de tenerlos allí, respondió de inmediato:
—¡Por supuesto que no, par