Gabriel permanecía en silencio. Celeste miró a su alrededor, preocupada, y decidió levantarse.
—Vamos, te acompaño a buscar a tus papás —dijo, recordando que Gabriel siempre necesitaba alguien que lo cuidara debido a sus problemas mentales.
—Celeste, hace mucho que no te veía. ¿Estás bien? —dijo Gabriel, sonriendo torpemente. Su voz y tono eran claramente diferentes a los de una persona normal.
Celeste le devolvió la sonrisa.
—Estoy bien, ¿y tú?
Sus palabras fueron suaves y su rostro irradiaba c