La brisa nocturna agitaba suavemente las hojas, llenando el aire con un susurro tranquilo.
Detrás de la majestuosa mansión de los Jiménez, un automóvil negro permanecía estacionado en la penumbra.
Dentro del coche, tres figuras ocupaban sus asientos: el conductor en el frente, mientras Isabella y un hombre corpulento se encontraban en la parte trasera.
—¿Dónde está? —preguntó el hombre, mirando con impaciencia a Isabella.
Justo entonces, Viviana apareció y abrió la puerta del copiloto. Al entrar