La antigua mansión de la familia Vargas estaba rodeada de montañas, con bandadas de aves volando ocasionalmente sobre las ondulantes colinas.
Un lujoso automóvil pasó frente a los balnearios donde Celeste había estado anteriormente. Siguiendo por el camino, aparecieron a la vista varios chalets blancos de estilo europeo, con una imponente y elegante presencia.
El coche se detuvo frente a uno de esos chalets blancos.
A la entrada, había un hombre de mediana edad vestido de traje de pie, esperando