De repente, se escuchó un estruendo ensordecido del piso de arriba.
Tanto Margarita que estaba abajo como Andrés se asustaron y de inmediato corrieron escaleras arriba.
Al llegar a la puerta de la habitación principal, vieron a Lorenzo parado allí, con una expresión sombría y aterradora. Sus puños apretados goteando sangre, respirando agitadamente.
Los objetos rotos estaban esparcidos por todo el suelo.
—¡Cielo! Señor, ¡su mano está herida!
Margarita se apresuró a entrar a la habitación, abrió u