Los rostros de las sirvientas se veían un tanto forzados, como si estuvieran ocultando algo.
Celeste estaba confundida:
—¿Pasó algo?
—Señorita, ellas solo están holgazaneando aquí. No pasa nada, mejor vaya a desayunar al comedor.
Margarita se acercó con una sonrisa y le dijo eso, luego se volteó hacia las sirvientas con el ceño fruncido:
—¡Apúrense a trabajar!
En ese momento se escuchó la voz del presentador en la televisión:
—Anoche, Lorenzo Vargas y su esposa salieron del hotel hasta las once