Lorenzo estaba completamente empapado, las gotas de agua resbalaban por su rostro apuesto y blanco, pero no había ni rastro de desgastado en él. Su rostro perfecto lucía aún más apuesto e imponente.
Las espesas pestañas de Celeste temblaron levemente mientras le decía en voz baja:
—He venido a recibirte.
El fuerte sonido de la lluvia golpeando el paraguas hacía difícil escuchar su voz, pero Lorenzo aun así pudo oírla claramente. En sus ojos profundos, normalmente afilados y dominantes, se mostra