—¡Celeste, tú me tienes en tu corazón! —dijo Jacob mirándola con firmeza.
Cada minuto de estas últimas horas había sido una tortura para él, pero al final el resultado era el que él quería.
Ella había bajado las escaleras, ¡ella aún se preocupaba por él!
¡Él sabía que a ella aún le importaba él!
Los dedos de Celeste se apretaron alrededor del mango del paraguas, y su mirada tranquila se posó en el rostro empapado de él.
—Te equivocas, vine a buscarte, no porque te tenga en mi corazón.
—¿Qué quie