El cálido aliento de la chica rozó su oído, con un sutil aroma desconocido. Su mirada se posó en los níveos y delicados hombros de la joven. Sin transmitirle sus palabras a Andrés, colgó directamente la llamada. Inclinó la cabeza y le susurró al oído de la joven:
—Así te quedarás.
Celeste se quedó sin palabras y le dirigió una mirada de advertencia.
Ese hombre… ¡¿Acaso no podía comportarse de forma normal?! ¡Pervertido!
***
Pronto, Andrés les trajo la comida. Lorenzo acompañó a Celeste a comer,