Comparada a la última vez que se vieron, Rosalina se veía un poco más llenita y con mejor semblante, ataviada en un vestido de lana de tonos claros que le daba un aire como antes, mostrando un aura de las damas de la alta sociedad.
—Señora Rodríguez —la saludó Celeste.
Se le acercó y se sentó en el sofá.
—Celeste ¿por qué vienes vestida así? ¿Estás enferma? —preguntó Rosalina, sorprendida.
Celeste sonrió:
—Sí, estoy malita, pero nada grave.
El mesero se acercó con el menú y, al ver la ropa de Ce