Él se quedó en silencio un segundo, y esa pausa me puso los pelos de punta. Estaba esperando que me dijera que no compartían nada, que su mundo estaba lejos del de Regina, pero necesitaba escucharlo de sus propios labios.
Rodrigo soltó un suspiro pesado y desvió la mirada un segundo, como si le pesara admitir la realidad de su día a día. Me tomó de las manos, apretándolas con suavidad pero con firmeza.
—Sí.., técnicamente vivimos bajo el mismo techo, confesó, y sentí un pinchazo de amargu