( Alexandra)
Me acerqué a él con pasos lentos, sintiendo el eco de mi propio corazón en los oídos. Rodrigo no apartó la vista; su mirada tenía un peso casi físico, cargada de una honestidad que me desarmaba.
—Te amo, Alexandra —soltó, y su voz, baja y áspera, erizó el vello de mi nuca. "Entre Regina y yo no hay nada. Te juro que es la verdad".
Me detuve a un centímetro de él. El calor que desprendía su cuerpo me envolvía como una advertencia. Mis dedos temblaron cua