Capitulo 169

Guardé el teléfono en el bolso con los dedos rígidos; sentía la pantalla quemarme a través de la tela. No me atrevía a mirar a Marco, cuya mano seguía apoyada en mi hombro con una naturalidad que ahora me resultaba peligrosa. Para Marco, yo era su amiga, la mujer que su hermana Layla adoraba; para Rodrigo, esa cercanía era una declaración de guerra.

‎—¿Pasa algo, Ale? Te has quedado de piedra —murmuró Marco, inclinándose hacia mí para hacerse oír sobre el beat del club.

‎—Solo es el ruido,
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