El sonido de la puerta de cristal abriéndose nos golpeó como un balde de agua helada. La música electrónica del club, que antes era un murmullo lejano, se coló en el balcón con una fuerza violenta.
—¡Alexandra! ¿Estás aquí? —La voz de Layla resonó, cargada de esa impaciencia nerviosa—. Marco te está buscando para brindar por su cumpleaños y...
Se detuvo en seco. El silencio que siguió fue más ruidoso que el beat que retumbaba en las paredes.
Rodrigo me soltó, pero lo hizo con una lentitud