El aire en la zona VIP se volvió irrespirable en un segundo. Sentí la mirada de Rodrigo como una quemadura física en mi espalda, una presión que conocía demasiado bien. No necesitaba girarme para saber que sus ojos estarían oscuros, fijos en la curva de mi cintura donde la mano de Marcos se apoyaba con una confianza amistosa mientras me contaba un chiste.
Me obligué a reír, una carcajada cristalina que flotó sobre la música house, aunque por dentro mis nervios estuvieran a flor de piel.
—¿E