El silencio se prolongó un segundo más de lo necesario, un espacio vacío donde el orgullo de ambos libró una batalla silenciosa a través de la pantalla. Vi cómo Alexandra pasaba saliva, sus ojos recorriendo mi rostro como si buscara una señal de que esto era una broma de mal gusto.
—Está bien —susurró finalmente—. Estaré ahí en veinte minutos.
Cuando colgaron, una descarga eléctrica recorrió mi columna. No era el triunfo del cazador que atrapa a su presa; era algo más primitivo, un hambre q