Se detuvo, sollozando con una fuerza que le sacudía los hombros. Me miró a los ojos, y por primera vez en toda la noche, no vi desafío, sino una herida abierta y purulenta que el tiempo no había cerrado.
—Te vi con Regina —susurró, y el nombre sonó como una condena—. Estabas abrazado a ella, con una ternura que nunca habías tenido conmigo desde que empezaron los problemas. Ella te acariciaba el rostro, tú le susurrabas cosas al oído... Parecían la pareja perfecta. Pensé que me habías reemplaz