Mundo ficciónIniciar sesiónAlexandra soltó una risita ronca, todavía con los ojos cerrados, y estiró la mano para acariciar las orejas del intruso.
—Parece que alguien reclama su territorio —murmuró ella, abriendo por fin esos ojos que eran mi perdición. —Este territorio tiene dueño, y no es un animal de tres kilos —respondí, intentando apartar a Milo con suavidad. Pero Milo era persist






