Capitulo 120

Alexandra soltó una risita ronca, todavía con los ojos cerrados, y estiró la mano para acariciar las orejas del intruso.

‎—Parece que alguien reclama su territorio —murmuró ella, abriendo por fin esos ojos que eran mi perdición.

‎—Este territorio tiene dueño, y no es un animal de tres kilos —respondí, intentando apartar a Milo con suavidad.

Pero Milo era persist
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