—Repítelo.
La voz del Alfa sonó letalmente serena pero eso mismo fue lo que puso alerta a la Omega. Sus ojos azules la miraron fijamente y Dana tragó.
—Solo te pido que me rechaces, sé… sé que para ti es una molestia tenerme como compañera y lo acepto. Por favor, termina con esto y recházame.
Antes de que pudiera notarlo, Kian se movió tan rápido que Dana gimió abriendo los ojos de golpe.
El pecho de él chocó contra el suyo mientras que el macho colocaba cada mano sobre la puerta detrás de ella