TRES AÑOS DESPUÉS:
Sus manos estaban por todo su cuerpo recorriendo cada curva de este.
Su boca perfectamente acoplada con la suya siguiendo el ritmo constante de sus labios entrelazados.
No se necesitaban palabras para saber que le pertenecía a ese macho.
—Prométeme que no me dejarás, prométeme que serás mía para siempre —susurró él sobre su boca.
Sus ojos eran la muestra del poder que poseía y ella como su Luna era la única capaz de calmar a su bestia.
—Sabes que siempre lo seré. Te pertenezc