—Señorita DeRos, está aquí.
Aisha se sobresaltó al escuchar la voz suave de la hembra.
Al alzar la mirada se dio cuenta de que ya la había visto antes, era una de las doncellas de la casa de la manada pero ahora la veía de manera sospechosa pues antes de entrar de lleno a la habitación miró a fuera para asegurarse de que no hubiera nadie que pudiera escuchar su conversación.
Aisha enseguida se tensó levantándose con la mano sobre su vientre hinchado.
Sus dientes se apretaron y sus ojos miraron