—Estamos solos ahora, Alfa del Este. Usted dirá.
El Alfa examinó con cuidado a la pequeña Omega frente a él.
La princesa Dana le despertaba curiosidad. Era la primera hembra a la que veía luchar tan aguerridamente por sus ideales.
Era valiente, decidida y fuerte. Eso le gustaba.
—¿Cambió usted de bando?
¡Y atrevida, además!
Esta vez Alessandro no pudo contener su sonrisa.
Era obvio que a pesar de todo ella lo había visto en el Oeste y directamente se lo había dicho en la cara.
—Yo no cambio de