Como siempre ese día Aris estaba en la arena mostrando su arrogante sonrisa.
—¿Nadie quiere retarme? —preguntó el macho mirando a su alrededor.
Por lo general solo un atrevido macho lo retaba por día queriendo derrotarlo de una vez por todas pero nunca sucedía.
Ahora mismo dos lobos jóvenes se estaban llevando el cuerpo inconsciente del contrincante que lo había enfrentado.
Diana le dio una mirada a Aris queriendo meterse en su cabeza y ver qué le pasaba para necesitar pelear.
Desde el día que