Diana se despertó con un terrible dolor de cabeza mientras era examinada por una extraña hembra mayor.
—Ya estás despierta, ¿Cómo te sientes? ¿Puedes ver bien? ¿Estás mareada?
Ella abrió la boca.
Sus labios estaban resecos al igual que su garganta.
—Me duele mucho la cabeza, pero no estoy mareada —susurró ella a modo de respuesta.
La hembra asintió como si lo imaginara.
— Te dejaré algunas plantas medicinales para el dolor de cabeza. Seguramente pronto estarás bien.
—Yo... ¿Podría decirme dónde