Lo imbécil que había sido

Aris la aferraba a él como una segunda piel mientras corría de vuelta a su manada.

Ignoró las miradas llenas de sorpresa porque llevara a la hembra inconsciente.

La única preocupación que tenía era que Diana estuviera bien.

—¡Llamen a la curandera, ahora! —rugió él con voz de Alfa.

Sentía que en cualquier momento su corazón se saldría de su pecho.

Muchos lobos corrieron para acatar su orden al mismo tiempo que él entraba a la casa.

Bajó su preocupada mirada hacia ella notando la palidez en sus
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