—Duérmete —le dijo a su cachorra y Devanie se acomodó entre las pieles cubriéndose del frío pero parecía que no podía conciliar el sueño.
—¿Cómo está mamá? —preguntó Kieran a un lado de Devanie.
—Devastada, tan preocupada.
—¿Cómo es que no vino contigo? Eso es algo extralo —preguntó ahora Deva.
—Ella no sabía que yo venía.
—Ay, eso es malo papá. Debe estar tan furiosa contigo ahora mismo.
—Sí, no quiero ser tú —se burló Kieran y Kian entrecerró los ojos.
Lo sabía.
Pero no le gustaba nada que de