Estaba nerviosa, no podía evitar estarlo.
Kieran se había ido a regañadientes y ahora ella se miraba al espejo después de colocarse el impresionante vestido que él mismo le había comprado. La pieza era impresionante y se amoldaba a su figura resaltando los atributos que tenía, los tonos de este eran de color celeste.
Aún le faltaba maquillarse y arreglarse el pelo, pero se veía preciosa, una sonrisa se expandió por su rostro al recordar las palabras que Kieran le había dedicado antes haciéndola