Sintió que se inclinaba sobre ella y su cálido aliento le acarició la oreja.
—Estoy tratando de mantenerme alejado. Pero no lo haces fácil para mí, compañera.
Dana cerró los ojos por un momento recordando los tiempos del pesando en el que Kian y ella habían estado en la misma situación. Era ella la que siempre había salido lastimada.
Utilizando su fuerza lobuna finalmente salió de su agarre y se giró hacia él fulminándolo con la mirada.
—¿Qué crees que haces? ¿Acaso no entiendes ni una palabra