—¡¿Se puede saber qué demonios están haciendo?! ¡La Arena no es para esto y no lo permitiré! —rugió la voz del entrenador.
Acto seguido, Aisha se levantó de encima de Talía completamente tensa ante la mirada decepcionada de su entrenador. Ella sabía que eso pasaría, pero se había dejado llevar por la ira de no querer dejarse humillar por Talía, como siempre lo hacía. Necesitaba pensar rápido.
—¡Esto es una vergüenza!
—Solo… estábamos entrenando —dijo Aisha con rapidez sabiendo lo que podían hace