Devanie vomitó lo poco que había ingerido ese día.
Había contado que el sol había salido tres veces así que ese era el tercer día en ese infierno.
Y se había estado sintiendo tan mal que estaba asustada. No solo el malestar la ponía de nervios, sino la extraña sensación que tenía en su vientre.
El cambio era evidente en su cuerpo y el temor de aquella certeza estaba rompiéndole el corazón.
—¿Y si estoy embarazada? ¿Puedo saberlo tan pronto?
La pregunta que se hizo a sí misma la hizo llorar muy