El pecho de Aisha subía y bajaba rápidamente con cada respiración. Estaba tirada sobre el suelo, completamente agotada con los entrenamientos mientras escuchaba a Dana, dándole indicaciones de qué mejorar.
Ella anotaba mentalmente todas sus tácticas y correcciones, sabiendo que ella tenía razón.
—Ahora los dejaré, necesito ir a una reunión con los ancianos y Kian.
—¿Es serio? —escuchó que su hijo le preguntó, pero Aisha ni siquiera hizo el intento por levantarse, demasiada adolorida.
Dana le so