Punto de vista de Laila
La respiración de Ava por fin se había regularizado, y ahora era suave y constante.
Me senté junto a la cama y le pasé los dedos por el cabello oscuro. Se veía tan pequeña en aquel hospital. Demasiado frágil.
Las máquinas emitían pitidos a nuestro alrededor. El monitor cardíaco se mantenía estable, pero me recordaba lo precario que resultaba todo.
Su cirugía era la próxima semana y siempre existían riesgos.
El teléfono vibró sobre la mesa de noche. Lo miré, a la espera