119. Por molestar a Camila
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Zaira
El bullicio en el salón era insoportable, y después de una hora de escuchar murmullos y miradas, sentía que mi cabeza iba a explotar. Camila estaba en el centro de todo, y aunque no había gritado, su presencia llenaba la habitación como un grito silencioso. La gente la observaba, las bocas murmuraban, y yo no sabía si estaba completamente harta o si aún me quedaban fuerzas para seguir enfrentando esta situación.
Mi madre, al igual que el resto, había notado el cambio en la atmósfera