XLIX. Si, acepto

Sin la intervención de la madre de Oliver, ya todo el ambiente se respiraba con menos gases venenosos.

Valerie se seguía haciendo cargo del magnate, a pesar de que Oliver siempre tenía que estarla casi que obligando, para que regresara a casa a descansar.

Los padres de la chef, también los apoyaban demasiado, e incluso el padre de Valerie, iba con su juego de ajedrez a entretener a Oliver, decía que esa mente tenía que volverse a ejercitar.

En realidad, no era como si Oliver estuviese muy aburr
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