POV: Mila
La primera señal de que Alma ya no vive en un piso normal es que tengo que firmar tres veces para verla.
Pulsera temporal, escolta hasta un ascensor que jamás había visto. Ni siquiera viene en los planos internos.
Bajamos sin música ni números. Solo el rumor del cable y mi beta interior diciendo: esto es una safehouse o una cárcel muy sofisticada.
Las puertas se abren a un pasillo impecable. Huele a desinfectante… y a alfa. Bosque, tormenta, café. Alex Frederic dejó marcado este piso con su olor como firma.
El guardia se detiene frente a una puerta.
—La señorita Trish está dentro —dice—. Tiene veinte minutos.
Veinte minutos. Ni que fuera visita conyugal.
—Gracias —respondo, y toco—. Si estás desnuda, avisa.
—Mila —se escucha, con un resoplido—, pasa.
Entro.
Alma está en el escritorio, rodeada de pantallas. Leggings, polera amplia, pelo en moño imposible. Tiene ojeras, pero los ojos claros. Hay una energía que no tenía en Sonata: cansancio y propósito.
—Wow —digo—. De beca pr