POV: Alma
Volver a mi departamento se siente más difícil que salir de la torre.
Camino sin mirar atrás, cruzo la calle en automático, subo al bus equivocado, me bajo dos paradas después y termino caminando porque no soporto estar encerrada con desconocidos apretados alrededor. Cuando por fin estoy frente al edificio, me quedo un segundo quieta, como si el citófono fuera otro comité esperando decidir por mí.
Subo.
El silencio del departamento me cae encima. No es el silencio controlado del piso cuarenta ni el del subsuelo; es ese vacío que te recuerda que, si te pasa algo aquí, nadie se entera hasta mucho después.
Me ducho rápido, como si el agua pudiera sacarme de encima palabras como “unidad de observación prolongada”, “marcos de protección”, “riesgo”. Como si también pudiera borrar la forma en que Alex y Damian me miran, tan distintos y tan parecidos: uno como punto débil, el otro como grieta útil.
Casi no ceno. Me tiro en la cama cuando aún estoy medio húmeda, con el pelo enredado