Bruja de lobos. 2
La besó despacio, con una timidez inesperada, como si temiera romperla, un roce cálido, dulce, que contrastaba con toda la tormenta que los había envuelto. Aileen, nerviosa, con el corazón a punto de escapársele del pecho, lo correspondió con torpeza, sus labios temblaban, no por rechazo, sino por los nervios que le erizaban cada fibra del cuerpo, era un beso inocente y al mismo tiempo peligroso, porque ambos sabían que, después de ese instante, nada volvería a ser igual.
Leo se separó apenas u