Lisa
Después de unos treinta minutos, mis lágrimas se detienen.
- Perdóname
Lo digo con una voz muy pequeña que ni siquiera reconozco.
Él me levanta la cabeza y seca mis lágrimas restantes antes de decirme con voz suave:
- No me gustó castigarte, pero era necesario, no me gustó lo que descubrí, y si no lo hubiera descubierto, él habría seguido viniendo a verte a mis espaldas y tú lo habrías dejado hacer. ¿No es así? Respóndeme.
- No, por supuesto que no, te juro que no sabía que era él. Actuó c