Las puertas del elevador se abren y Rebecca entra en él sin pensarlo dos veces.
Un jadeo se le escapa de su boca cuando entra en la sala y ve la exhibición. Filas y filas de formaciones rocosas brillan dentro de cajas de cristal.
Los ojos de Rebecca no saben dónde mirar, está ensimismada con tantas rocas. “Es la exhibición más hermosa que he visto en la vida”, piensa para sus adentros.
De pronto, se da cuenta. Puede haber cientos de rocas preciosas que nada, absolutamente nada se compara al hec