Aquello era un tormento, o la mejor sensación que había experimentado nunca. Después de lo que le parecieron horas, seguía sin tenerlo claro. Lo único que sabía era que Liam no escatimaba en esfuerzos y que cada vez le hacía estar más y más y más cerca, todo gracias a su boca, y a sus dedos, y a veces a su voz profunda y obscena.
Cada vez que notaba que ella estaba a punto de estallar por la tensión que aumentaba en su interior, se alejaba y la dejaba desamparada.
Rebecca contuvo las súplicas h