Como en el hotel aún no sabían que me habían echado del trabajo, monsieur Renuad y el resto del personal se desvivieron en apresurarse y ayudarme cuando les comuniqué que un problema familiar me obligaba a regresar de inmediato a Nueva York. Solo hizo falta media hora para que un pequeño ejercito de empleados me reservara una plaza en el siguiente vuelo a Nueva York, me hicieran las maletas y me subieran a una limusina rumbo al aeropuerto Charles de Gaulle.
El conductor era muy charlatán, pe