—¡¿EMILIA?!
Sonó como una pregunta, pero yo estaba únicamente concentrada en intentar dilucidar si él mezclaba los nombres siguiendo una pauta concreta.
Al principio creía que lo hacía para humillarme, pero luego me dije que seguro que ya estaba satisfecho con el grado de humillación que soportábamos y solo lo hacía porque no podía molestarse en decir correctamente algo tan poco importante como los nombres de sus asistentes.
Así me lo había confirmado Eliza cuando me contó que Markus la llam