Me habría encantado detenerme a observar el desarrollo de la escena, pero disponía de menos de diez minutos para causar una impresión impecable a mi jefe y no tenía intención de estropearlo.
Hasta ese momento había tratado de aparentar tranquilidad, pero, en vista de la falta de dignidad de que hacían gala todos los demás, eché a correr.
—¡Yessica! Sabes que Markus viene hacia aquí, ¿verdad? —exclamó Sonia cuando crucé disparada la recepción.
—Sí, pero ¿cómo lo sabes tú?
—Bomboncito, yo lo sé t