GIANNA
La sonrisa en sus labios creció y asintió con la cabeza.
—¿Qué vas a hacer? —inquirí curiosa, recostada en la cama con él encima.
—Estimular todo su ser, mi señora, tal como me lo pidió —dijo con una voz muy solícita—. Así que… quiero que te pongas en cuatro patas, déjame ver tu trasero.
La sorpresa inicial que sentí por sus palabras degeneró enseguida en seguirle el juego, y comenté mientras Vik se bajaba de encima: —Así que voy a ser tu pe.rra esta noche, eso no estaría mal.
Me acomodé