GIANNA
Mientras su boca hacia maravillas en la mía, su zurda bajó a una entrepierna que despejé gustosa, y sus dedos empezaron a jugar sobre la tela. Vik lamió mis mejillas y volvió a mis labios.
—Gia… estás tan caliente que das gusto…
—No me culpes… —musité apenas y volvimos a besarnos.
Luego, haciendo uso de su enorme envergadura, se me encimó y sometió mis manos con fuerza hacia arriba, al tiempo que comía la sensibilísima piel de mis axilas, lo que me hizo sisear y sacudirme con propiedad.