GIANNA
Su respiración contra mi cuello cosquilleó con gracia, y esa sensación fue hacia abajo y el frente, hasta detenerse en el cuello de mi sudadera, donde resopló suave.
Vik me dio un vistazo desde abajo, y asalté sus labios con calma, con una parsimonia desconocida para mí misma, que lo único que quería ahora era comérmelo entero y gritar hasta perder la voz; pero una parte de mi mente me dijo que disfrutaría más así, de a poco, y decidí creerle.
Nos miramos durante todo el beso, lo que lo