CAMERON
No podía revelar mis verdaderos colores delante de Gia, ni dar a entender que de verdad me preocupaba el hecho de que mi madre viniera tan de buenas a primeras al Reino.
Esto no era coincidencia, y yo lo sabía bien.
Después de que Gia se marchó, Thomas entró a mi despacho con la cara medio larga y muy pensativo.
—Cierra y ven aquí —dije, esta vez en japonés.
Era un idioma que solo mis guardias de confianza dominaban, pues fueron quienes me cuidaron cuando tuve que ir a estudiar por un a