Laura estaba inmersa en su trabajo cuando, de repente, la puerta de su oficina se abrió. El jefe, Alex, entró con su característico andar seguro y una sonrisa que hacía que el corazón de Laura se acelerara un poco más de lo habitual. La manera en que se presentó siempre irradiaba una mezcla de autoridad y calidez; era un líder natural. Sin embargo, en ese momento, tras la intimidad compartida de la noche anterior, todo se sentía diferente, un poco más cargado de significado.
“Buenos días, Laura