31. Por culpa de una mujer
Con sus antiguas amantes en turno, Jack siempre se había marchado antes de que llegara el alba, pero, en esa ocasión, junto a Kira, el amanecer nunca se había sentido tan reconfortante… y supo que a partir de ese momento no volvería a ser el mismo.
Ninguno de los dos lo sería.
Jack contempló a la mujer que dormía a su costado, piernas entrelazas y cabello ligeramente alborotado. Sonrió, indudablemente embelesado y besó su hombro antes de salir de la cama.
La noche de sexo que tuvieron fue asomb