Capítulo 29. Parte 2 - Confesiones
Alexia:
«¡Maldita Maribel, cómo te aborrezco!»
Como nunca antes, con los nervios a flor de piel y una ira inimaginable recorriendo lentamente mi torrente sanguíneo, me levanto del lugar donde estoy sentada junto a Máximo y camino, con evidente enojo, hacia el interior del bungalow, deseando por primera vez que no me siga. Maldigo por dentro, mordiéndome la lengua para no gritar a los cuatro vientos que pienso que es un estúpido… a pesar de que lo amo con locura.
Cojo el suficiente aire para no estallar y mantener esa calma que me caracteriza cuando finjo, pero ahora es distinto. Ahora está en juego no solo el dinero que él posee —el cual, por supuesto, quiero para mí—, sino también el sentimiento que ha nacido por él; uno que jamás debió crecer porque me hace sentir débil, y Dios sabe que lo último que necesito en mi vida es vulnerabilidad.
Máximo ya me confesó que no puede sacarme de su cabeza, y le he demostrado, con creces, que soy mil veces mejor que esa mosquita muerta, pero aun